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APLICAR LA METODOLOGÍA MONTESSORI EN EL AULA DE INFANTIL

la fotoEl curso pasado creamos en nuestro Centro  (CEIP AZORIN de Calp) la comisión de transición Infantil-Primaria con el objetivo de aunar criterios metodológicos entre estas dos etapas y priorizar los contenidos que se han de trabajar en cada una de las mismas.

En este sentido, empezamos a investigar metodologías diferentes a las que estamos aplicando actualmente para poder introducir novedades en nuestra práctica docente.

Por mi parte, en medio de estas investigaciones, pude descubrir (o redescubrir) la filosofía Montessori, y digo redescubrir, porque es cierto que había oído hablar de ella en la Universidad o preparando oposiciones; pero siempre de manera superficial. En esta ocasión, he podido conocer mejor las características de esta pedagogía,  lo cual me ha llevado a interesarme por ella y a poner en práctica en mi aula de infantil lo que voy aprendiendo.

Es imposible en unas breves líneas explicar toda la pedagogía de María Montessori. Resumiendo mucho podemos decir que fue una pedagoga de principios de siglo XX que empezó a trabajar con niños que tenían deficiencias y luego puso en práctica esos métodos en niños que presentaban un desarrollo ordinario. Su metodología se basa fundamentalmente en que los niños aprendan a hacer las cosas por sí mismos, siguiendo sus motivaciones y su propio ritmo. La filosofía Montessori presenta a los niños, situaciones y materiales que fomenten el desarrollo integral de los niños.

 En un aula de estas características, los niños disponen de los materiales libremente, los pueden utilizar el tiempo que consideren necesario. El espacio es amplio y no está estructurado de manera rígida como un aula ordinaria. Cada clase es como una pequeña casa (Casa di Bambini) y todo está dispuesto al alcance de los niños, para que ellos lo puedan manipular.

De hecho, hay que recordar que la manipulación es la manera en la que Montessori entendía el aprendizaje. Los  contenidos se interiorizan a través de la experimentación.

Otro aspecto que destaca de esta pedagogía es la importancia que se da en las primeras etapas (que es en la que yo estoy me estoy centrando) a la vida práctica y al desarrollo sensorial.  En el aula se fomenta el aprendizaje de la realización de las tareas básicas: hábitos de higiene personal, de alimentación, de cuidado de la naturaleza, etc. que proporcionen autonomía en los niños. Además el desarrollo sensorial también se consigue a través de la exploración con diversos materiales.

El maestro en el aula se entiende como el guía que va observando a los niños en sus manipulaciones y les va mostrando los materiales o actividades más adecuadas para alcanzar los aprendizajes. En las aulas Montessori siempre hay dos maestros: por un lado está el guía que es el que hace las presentaciones de los materiales de manera individual, y el maestro de apoyo que es que regula el clima de la clase mientras los alumnos están trabajando. También hay que destacar que el tema de la disciplina también se le da mucha importancia en esta pedagogía: el respeto a los demás, el trabajar en un ambiente en el que no haya ruido, la paciencia, el cuidado del material etc. Fomentando que los niños interioricen estos hábitos y los pongan en práctica en su día a día, aunque no haya nadie observándolo.

En el momento en el que me planteé aplicar la filosofía Montessori en el aula, me di cuenta de que hay ciertas variables que no me permiten extrapolar toda la metodología como me gustaría.  La más importante es que no cuento con un maestro de apoyo todo el tiempo en mi clase. Pero he intentado solventar este “problema” y he comenzado a aplicarlo de manera parcial.  Este curso (soy tutora de 3 años), lo estoy poniendo en práctica en las sesiones de después del patio.

Lo primero que hice fue redistribuir el aula, la foto (3)delimitando claramente las posibles zonas de trabajo. En cada rincón he colocado los diversos materiales con los que los niños pueden trabajar y los he presentado de manera individual. Para ello he usado bandejas de plástico, cestas de mimbres o cajitas.

En las primeras sesiones expliqué a los niños cómo podían trabajar. Las normas son sencillas pero se han de respetar: cada niño puede coger un material y jugar con él el tiempo que desee, después lo ha de recoger y guardar. Pueden ubicarse en la zona que quieran del aula para trabajar. Se habla sin gritar y no se molesta a los compañeros. la foto (2)

Cuando entra la maestra de apoyo, una de las dos nos dedicamos a presentar un material de manera individual para que todos conozcan cómo se puede trabajar con él y pueda jugar con éste en sesiones posteriores.

La experiencia está siendo muy positiva. He podido observar que hasta los niños más inquietos pueden pasar tiempo concentrados si están motivados en un material. la foto (1)Al mismo tiempo esta observación me permite conocer mejor a los niños, saber qué es lo que les interesa, ver cómo adquieren los aprendizajes y poder presentar materiales que les  permitan desarrollarse íntegramente.

Sé que queda mucho por aprender y por hacer, pero cada vez que leo veo algo relativo a la pedagogía de Montessori en las investigaciones que realizo, me motiva para creer de que éste camino es más válido para mis alumnos que las metodologías ordinarias. Y cada vez que lo pongo en práctica en mi aula me doy cuenta que sí se pueden cambiar las cosas.

JULIA BASTIDA ASENSIO.

MAESTRA DE EDUCACIÓN INFANTIL del CEIP AZORIN DE CALP.